domingo, 21 de octubre de 2012

Por fin es sábado



Juana Vázque y Javier Jover
Y lo que entristece a la redacción de Mientras la luz es saber que Juana Vázquez tiene el brazo roto. Y que le cuesta escribir. Se lo trizó al intentar salir, emocionada, del Círculo de Bellas Artes, tras presentar su Tiempo de caramelos que le editó Calima. Poemas que cuentan una infancia no feliz, por exigida: sus padres la creían superdotada. Pobres. Aquí lo cuenta. La presentaron Soledad Puértolas y David Felipe Arranz, que leyó un texto de Juan Cruz. Estuvieron, en plan grupo, sus compañeros contertulios de Radio Intereconomía. Un alumno de Juana intervino agradeciéndole sus enseñanzas. En fin, todo feliz, la Sala Valle Inclán llena. Por eso nos duele lo del brazo y su forzada inactividad. La redacción sabe todo esto por feisbuc, ya que tras saludar a Julio Santiago –que prepara una entrevista, con público y con Juana- tuvo que abandonar por anterior compromiso adquirido con el Teatro de la Zarzuela. (Teatro, no Palacio). 17 y miércoles.

Rafael Soler, Antonio Daganzo y Pablo Méndez
Y lo que alegra a la redacción de Mientras la luz fue el lleno –este sí disfrutado- absoluto en el Café Comercial para la presentación de Llamarse por encima de la noche, cuarto poemario de Antonio Daganzo, poeta de presente y de futuro. Está editado en Chile, por Ril Editores y fue lanzado allá durante el pasado agosto. Entre quienes llenaban, Carmina Casala, Aurora Aunón, Alberto Infante, José Luis Nieto, Raúl Nieto de la Torre, Eduardo Merino, Sebastián Galán, Jesús Arroyo, Pepe Elgarresta, Lola de la Serna, Rafa González SerranoPablo Méndez habló desde la fraternidad, Rafael Soler desde el rigor del análisis. (Aquí) En el centro de ambos Antonio Daganzo. Compromiso, orgullo y humildad en el poeta, que defiende su obra con una dicción interpretativa e impecable. Causó impresión la lectura de los poemas que componen el apartado Vuelo en la noche; para este blogero, núcleo central de la metáfora continuada  -viaje hacia el encuentro- que sostiene el libro. Carolina Paz Barreira lo sabe. 18 y jueves. Hubo final prolongado, con Fernando, Rafa, Alberto, Carmen, Carmen y Lucía. Fernando sabe como hacer vivir un lugar como el Comercial. Y lo merece.

Manuel Laespada Vizcaíno
Si hay poetas de honrada lluvia y calma, Manuel Laespada Vizcaíno es uno de ellos. Vive en Manzanares (Ciudad Real) y estuvo leyendo, 16 y martes, en la Casa de La Mancha. Con el infortunio de la ausencia de Manolo Cortijo, su anfitrión. Leyó franciscanamente una veintena de poemas mientras la luz se aquietaba. Hay veces en que la poesía es lluvia imperceptible. Y nos ahonda. Manuel Laespada lo consiguió. La verdad es que deberían venir más poetas manchegos a esta tertulia. A Mientras la luz le gustaría que lo hiciera otro albaceteño Rubén Martín Díaz para presentar el próximo libro-visor El mirador de piedra. Rubén es dueño de una poesía de claridades.

Zhivka Baltadzhieva
 Dicen que Miguel Ángel de Rus es experto en misoginia, cuyas perlas recoge. Algunas de ellas soltó en la presentación de Enésima hoja. Provocador o no, algunas mujeres entendieron, otras contestaron y/o se fueron. Yo lo hice con la primera que enprendió la huida. Ana Montojo, que declara haberse quedado, lo cuenta con justeza en El humo ciega mis ojos, su blog. El libro es una antología poética de mujeres que publica Cuadernos del Laberinto. Y las hay buenísimas, la murciana Virgina Cantó p.e. La huida me llevó hasta Libertad8 a tiempo de embarcar en el periplo odiseico que tripula Alfredo Piquer. Cuatro leyeron poemas. En esta ocasión el blogero se dejó arrastrar por algunos elegíacos de Aureliano Cañadas y por varios látigo de la búlgara Zhivka Baltadzhieva, contemporánea. 19 y viernes. Fin de la semana. Mañana es sábado y es posible que los poetas callen.

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Poema X 

Se quiebra el aire negro 
porque una vez que será siempre busqué el sol. 
Y ahora al cabo qué júbilo, 
la gloria del hallazgo entre las nubes 
y suave piel por llama. 
El día que despunta 
quizás se vista aún con el lenguaje de la tierra. 
Pero tú y yo sabemos, 
mi fe amada, 
que el lenguaje del árbol ha crecido, 
que somos sus humildes temerarios. 
Pues me he llamado por encima de la noche, 
yo digo cordillera 
y ahora te nombro palabra de futuro.

                   Antonio Daganzo (De Llamarse por encima de la noche)
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Te recuerdo padre-madre…

Os acuné tanto…
Y erais tan pequeñines en mis nueve diez once años
que me acostumbré a llevaros sobre la espalda.
Luego vino la vida.
Y me dijo que era al revés que debíais de acunarme vosotros.
Pero mi pequeño cuerpo estaba tan acostumbrado…
Y además vosotros estabais rotos por
los disparos de la guerra:
Que si un hombro de menos,
que si una mano,
que si una pierna…
Luego os robaron las sonrisas,
todas las caricias de caramelo,
el amor de los geranios,
la suavidad de los ositos,
los besos de las películas infantiles…
Yo que sé cuántas cosas más.
Según la gente del pueblo,
mi pueblo pequeñito y quieto,
iban camiones a por ellas
y salían repletos hasta los topes.
Si es que no teníais nada para dar.
Maldita guerra que os cogió inocentes
con coronas de rosas juveniles
y os dejó en cueros.


            Juana Vázquez (De Tiempo de caramelos)