martes, 2 de febrero de 2010

Un poema de José Luis Morales

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José Luis Morales también es amigo. Y manchego. Y poeta. Asumo el riesgo, en realidad no hay tal, de decir que las tres afirmaciones son verdaderas. El año pasado dejamos en esta virtualidad la noticia de su libro "El viento entre las ruinas" como ganador del premio Miguel Hernández que otorga la Comunidad Valenciana (lástima que con un año de adelanto). El libro, editado por Hiperión, está teniendo una fabulosa acogida entre los lectores. El nunca desmentido boca a boca. En la Feria del Libro pasada firmó casi cien ejemplares, cifra nada desdeñable para un poeta, por bueno y conocido que sea.

El pasado jueves, 28 de enero, se presentó el libro en el Centro de Poesía José Hierro que dirigen en Getafe los descendientes del laureado poeta. Fue una lectura que traspasó. Una lectura que trasmitió la emoción que lleva aneja la sinceridad: la sinceridad de los poemas, de su trastienda y la de una voz pausada y reflexiva. Con esa misma voz había leído unas horas antes uno de los poemas en la radio, exactamente en la cadena SER, su aliada de tantas horas. Chema Contreras hizo la entrevista -que pueden escuchar en esta dirección http://www.josemcontreras.es/ - y en el trascurso de ella José Luis hizo lectura del poema que ofrecemos y cuya visión yutubeana recomendamos en estas señas. No se lo pierda si le gusta la poesía.

http://www.youtube.com/watch?v=CxymIygx_aE


EVOCACIÓN DE UN HOMBRE SINGULAR, FRENTE A LA FACHADA EN RUINAS DE SU CASA (Padre)

Me duele este desastre permitido,
esta ruina anunciada tantas veces
y negada otras tantas.
No se cae,
será un tirante suelto. No hay ceguera
mejor que no mirar.
Te tengo dicho
que esta casa es eterna. Mas la esquina
del dormitorio principal
Parece
una grieta sin más. está vencida
hacia afuera y caerá.
Eso se tapa
con un poco de yeso y ni se nota.
Pero la casa entera está cediendo,
hundiéndose en sí misma como un pozo
seco que busca el agua.
Con dos manos
de pintura se arregla. Las goteras
fueron más ese invierno, y tú pusiste
unos cubos debajo...
En primavera
repasaré el tejado. Son los pájaros.
Pero los dos sabíamos que aquello
no era cuestión de pájaros. La casa
se abría por los cuatro
Cuando vengas
me ayudarás. A veces, ¡ay!, costados.
me duele respirar. Serán los bronquios.
Paso mal los inviernos. Y tampoco
era el invierno, padre, sino el frío
de un corazón a punto
Si pudiera
yo solo no esperaba. de abatirse
lo mismo que el tejado.
Hace unos años
ya estaría arreglado. Hace unos años,
hace sólo unos años, te creías
casi inmortal.
Tu madre no me deja
subirme ya al tejado. Porque madre
sabe que estás mayor
Si la entretienes,
y no quiere perderte.
en un instante
repongo yo las tejas Te asfixiabas
al hablar.
que estén rotas. Y es que, padre,
tu corazón de toro
Cuando vuelva
del hospital, los dos estaba herido
de muerte.
en una tarde lo arreglamos.
Pero ya no hubo tiempo: lo primero
en ceder fue una viga,
Mientras tanto
cuida tú de la casa luego el muro
del dormitorio sur
¡es tan hermosa
y se agrietó el dintel y hemos luchado
tanto por ella! y se venció la esquina
del dormitorio principal.
Recuerda
que has de cortar la luz cuando te vayas.
Pero ya no hizo falta, padre, tú
perdiste la batalla por tu vida.
Y mientras madre y yo te sepultábamos,
se derrumbó la casa.

1 comentario:

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Recomendación anotadísima, Paco.

Un abrazo
MArian