miércoles, 7 de junio de 2017

Hilario Barrero, renacido y nocturno

Hilario Barrero y José Luis  Morante
tras la lectura, por la calle Segovia,
buscando un bar de cañas.
     
      Llamado por la tierra, por la poesía, por los editores… y en llamas. Así acude cada año, desde su particular y observado Brooklyn, Hilario Barrero a la meseta. Este blog sigue ha tiempo sus actividades, sus esperados diarios, sus ojos tras sus pasos, su hacer poético. En este viaje 2017 quedó para el final su lectura madrileña. Al día siguiente volvería a las costas de allá, de enfrente. Acompañado por José Luis Morante, voz señera de la crítica poética, acudió a la biblioteca Iván de Vargas –sitio a considerar– el miércoles 31 de mayo para presentar su antología a rayas. La de Renacimiento, ya saben. La rotulada Educación nocturna. Título tal vez elegido por resonancias del oficio, tal vez por otra cuestión. Algo que no se aclaró en la conversación con que Hilario y José Luis abrieron el acto. Dos buenos amigos, y amigos cómplices ambos de José Luis García Martín, autor de prólogo y edición. Hablaron de los resquicios por donde el aire de sus poemas circula. La trascendencia de lo cotidiano, lo transitivo entre el yo y los otros, lo biográfico, la circunstancia como semilla del poema, la ausencia de lecciones morales, la presencia del deseo como máquina. Todo eso iba yo anotando, no sé si con acierto. También de la mirada reflexiva que conoce la melancolía y la bordea. Hay en la poesía de Hilario una búsqueda identitaria sin agobios, sin ansias. Una indagación, en tentación sostenida, por lugares y personas.  Y es que la voluntad inquisitiva de saberse aparece como una corriente poderosa y pacífica, terca: no abandona, no deja de atravesar palabras y poros. Con ella vive reconciliado, y en combate con el tiempo y su amenaza. Voz que se concreta con afanes lejanos a lo experimental. La noté forjada en los manantiales del 50, en aquellos maestros a los que tantos debemos tanto. Voz que no logró desdibujar siquiera la tensa premura con que leyó los siete poemas elegidos. Sepan que él, Hilario, dibuja objetos y obsesiones. Y los reparte, bien de forma exenta, bien como detalle sugeridor en las publicaciones –plaquettes, revistas- con que su generosidad mantiene lazos, cultiva afectos. 
       Es un libro, este Educación nocturna, para lectores necesitados. Todo dice en él. Todo nos dice. En todo se nota origen y destino. Todo atiende a lo urgente, quiero decir al hombre v. la soledad. Todo en él explica por qué la poesía salva. Y escribir es devolver a la vida algo de sus dones. De sus miserias.

Léase este poema.   

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Geografía

En Barcelona fuimos una hoguera
aquel verano del setenta y uno
ardiendo sin llegar a la ceniza. 
Después vino una lluvia inadvertida
e inundó el cobertizo donde estaba la leña.

En Nueva York bajamos al abismo
y estuvimos a punto de ser carbonizados.
Crecieron unas sombras en la alcoba
insistiendo en mezclar su sangre con la nuestra,
pero nos protegimos con la muerte
que era todo lo que aún nos quedaba.

Anoche en Alexandria, junto a ti,
dominados por la dudosa satisfacción
del que llega a la meta, éramos dos rescoldos
caminando despacio hasta el hotel
para dormir en camas separadas
sabiendo que al crecer la luz primera
vendrías a mi lado a despertarme.

6 comentarios:

H. Barrero dijo...

Querido Paco: termino de leer tu entrada y estoy sin aire. Muchas gracias. A manera, con esa prosa equilibrada y justa, has trazado una espléndida reseña iluminadora y para mi emocionada. Lo creas o no, esta mañana fría de junio, he estado leyendo tu libro. Continuará... abrazos

fcaro dijo...

Ojalá y te distraiga Locus. Suerte haber tomado la decisión de estar en tu lectura. fue un regalo. Y mucho más, claro, la oportunidad de entrar en tu libro. Tan verdad derramada, esta Educación nocturna.

Aborojuan (Juan Martínez Iglesias) dijo...

Dos de los grandes
Paco e Hilario
y Educación Nocturna

fcaro dijo...

Juan, en lo que atañe a Hilario, seguro.

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

Muchas gracias por tu amistad, querido Paco y muy de acuerdo con tu trabajo crítico.

fcaro dijo...

Siempre es un placer, José Luis.