domingo, 8 de febrero de 2015

La enfermedad del frío


Anoten la primera semana de febrero. Al atmosférico se unió el televisivo. Gracias a este último la sensación de tal se hizo casi insoportable para los urbanitas madrileños. La buena poesía, bien ingerida, tiene en estas condiciones, está probado, las mismas propiedades de un buen caldito, hace entrar al cuerpo en calor. Con tal argumento -y una bufanda que los Reyes trajeron- nos convenció el Jefe para transitar las rúas madrileñas. Sin nieve las pobres, sin reporteros sabuesos, sin rostros fugaces que digan yo esto no lo había visto nunca. Y luego dicen del egoísmo de Madrid con su alfoz peninsular. Las cosas bonitas pasan lejos. Eso sí, poetas nunca faltan, para envidia o alivio de otros. Sería necesario que arreciase mucho, mucho, pero mucho, el temporal para que notásemos su falta, para quedar a salvo de su dicción. Los poetas aguantan. Poetas y/o similares, se entiende. La becaria dice que hay tantos recitales poéticos como programas culinarios en la tele. Nos hemos comprometido a contarlos y compararlos. Lo haremos un día.

Martes y 3.

Las editoras con presentador y poeta. (Foto Lastura)
   En mitad del XIX, en su centro, en el salón de la AEAE de Leganitos y dirigido por Pilar Aroca, se celebró el acto de presentación de Zagüan de paso, libro de Isidro Sánchez Brun que ha editado Lastura, la joven editorial de Lidía S. Miguel. Es Isidro un poeta de largo recorrido, de voz grave y precisa, organizada, que combina sus maneras clásicas con una joven imaginación. Ha querido dar a la luz poemas que le vienen acompañando durante tiempo y ha logrado un volumen equilibrado, coherente. Fue presentado con precisa sabiduría y visible temblor, hilo que amenazaba romperse,  por Guzmán Alonso, quien trazó las líneas de apoyo y los tiempos que sostienen la obra del poeta navarro. Después de la intervención de la editora, Isidro hizo la claridad con su lectura, segura y susurrante, matizadora y múltiple de intenciones. Regaló para terminar un par de inéditos de un próximo poemario que debe tener pronta luz.  Estuvo magníficamente acompañado: amigos y amantes de la poesía: miembros del grupo Verbo Azul, al que pertenece.

Miércoles y 4

JC Mestre leyendo (Foto JL Torrego)
Enésimo y merecido homenaje a Félix Grande, uno de los grandes. Aprovechando que era fecha de su aniversario y apenas una semana después del año de su pérdida. El salón de La Casa Encendida estaba a reventar para un acto potente y sencillo. Acudieron Paca Aguirre y Lupe Grande, esposa e hija de Félix. Era ocasión para que Bartleby presentara en sociedad la edición exenta de La cabellera de la Shoá. Ese enorme poema conminatorio que Félix incluyó en la última edición de Biografía y que ahora se presenta en separata a iniciativa de Manuel Rico, director de la colección, e introducido por la brillantez de un texto de Juan José Lanz. Quien por cierto no pudo acudir desde Vitoria por la nieve real. Pepo Paz leyó el texto que Juan José previno para el acto. Lenguaje, experimentación, ser y conciencia. Insistía: después de Adorno solamente es posible escribir desde la ausencia. Y que el poema es denuncia, memoria activa, desconfianza, una agresión a los indiferentes. ¿Saben ustedes escuchar? repite el texto. Félix entendió que no hemos escuchado realmente lo que significan esas dos toneladas de cabello humano. La Shoá, la masacre, nombre que los judíos dan al Holocusto debería sublevarnos ad infinitum. Con esa intención leyeron Jorge Riechmann, Javier Lostalé, Antonio Crespo Massieu y Juan Carlos Mestre fragmentos del poema. La sala llena de poetas en ejercicio. Antonio Hernández, nuestro recién premio nacional, también. David Morello y J. L.Torrego muy cerca.

Así la sala. Al fondo, muy al fondo, Enrique (Foto FB)
   Instantes después con Laura G. Recas y M.A. Yusta, y abrigados, caminábamos perdidos por la calle Santa María, amunt y avall, que diría Margarit, hasta dar con un portal clandestino, traspasar una puerta vigilada y encontrar gentes por los suelos. Ni pared quedaba para apoyarse. Se iniciaba un nuevo ciclo de lecturas. ¿Tan necesitados estamos? Lo convoca la bonhomía de Jesús Urceloy. Y la inteligencia. Porque acudió a Enrique Gracia Trinidad para ser su primera voz. Leyó EGT ironía en los poemas de Juego de damas, libro recién premiado en Salamanca, y derrochó saber hacer, frescura. Tras él leyeron Juan Manuel Navas y Chelo de Torre. Un poco nerviosillos porque era, dijeron, su primera vez. Se entiende. El ciclo se llama Poethree ya que son tres poetas. Ingenioso. Y parece que hay tres turnos para cada uno. No nos fue posible comprobarlo, llegar al final. Pero un llenazo. Promete.

Viernes y 5

Benjamín Prado leyendo (Foto MCBarri)
   En la redacción apagamos la tele hartos de la nieve acumulada en Reinosa. No hacían sino removerla, levantarla, violarla, televisarla. Venga, sin pereza, dijo el Jefe, llegaos a la casa donde vivió Lorca, a la Casa del Libro de la calle Alcalá. Allí se lee sin el troletrole de un presentador y todo es más cercano, fresco y directo. Además le toca a Benjamín Prado, ídolo de ellas-jóvenes-poetas-rompedoras. Y fuimos. Llevaba razón. Benjamín, estando ya su casa sosegada, leyó tranquilo y tímido de su Ya era tarde, visor en mano. Leyó con emoción no afectada. Contando entre poema y poema pequeñas batallas personales -se enamoró de una azafata, y sigue- o de su peña, ya saben: L.G. Montero, A. González, J. Sabina. Son poemas construidos desde la anáfora y dedicados a María. Es un libro de amor y de viajes por el espacio, por la Historia y por la literatura. Y resuelto con imágenes que no se atropellan. Hay un poema a la muerte de su madre, que leyó, y que en su momento alabó hasta José Luis García Martín. Es poesía escrita con respeto al lector, poemas, -dicho con sus palabras- que escuchan a quienes los leen. Y así nos leyó, escuchando. Y complaciendo peticiones. No es poco en los tiempo que corren. Se quedó firmando. Ah, le dio tiempo a agradecer a Fernando Borlán, profe en el inste, su iniciación poética. 10 euros.