domingo, 25 de enero de 2015

De Tánger al Ateneo, sin parar

 Jueves  22

Desde la escalera, el recinto de la Alberti mientras
hablaba Álvaro (Foto: Libreria Alberti)
   Desde Plasencia, desde Tánger, vino Álvaro Valverde al exquisito trato de Lola Larumbe, a la librería Alberti.  Vino con Pepa Fernández, la estrella radiofónica, como entrevistadora. Se conocieron durante un programa en el Valle del Jerte. Ella quedó encantada y él la reclamó para la jornada del jueves 22. Suele Álvaro publicar con Tusquets desde hace 20 años. No ha perdido por ello su caridad elegante de hombre calmoso, sin aspavientos, de tierra sin alardes. Pepa, tras hablar de la brevedad y concisión de su lenguaje, se limitó -sabe su oficio- a inquirir sus provocaciones y a subrayar sus respuestas. Todo en torno a su último Más allá, Tánger. (No son pocas tildes para un título tan corto.) Insistió el poeta en su apuesta por la claridad, por una aparente sencillez que no significa superficialidad, dijo. Dijo que la claridad de agua puede hacernos creer que las piedras del cauce están cercanas pero es al intentar atraparlas cuando nos damos cuenta de la profundidad del río, de la hondura de las intenciones del poeta. Es hombre de palabra ágil y cordial. Con ella describió la anécdota que trama el libro: la vuelta a la ciudad añorada, al Tánger que Yolanda, su mujer, hubo de abandonar al quebrarse el estatus internacional. La vuelta del matrimonio al lugar de la adolescencia feliz es la vuelta al desconsuelo, al desánimo de lo que no existe. Y es la provocación de un libro que escribió durante un solo septiembre. Los poemas emplean aleatoriamente la primera y segunda personas de Álvaro, de Yolanda, de los dos, de los otros. Estrategia que trasmite ligereza y busca complicidades. Por lo oído, hay gusto por la paradoja. También por la instantánea que conduce a la emoción. Y la potente suavidad de un discurso que resalta la nitidez de los contrates. Acordada música y serena. Pepa Fernández reclamaba lecturas de diversos poemas. Todos le habían gustado. Y mucho. Este entre ellos: De los barcos envidio/ la promesa latente/ de una vida distinta./ Los observo a distancia,/ con vagos sentimientos encontrados:/ el de huir a lugares donde nunca se escapa,/ el de tornar de sitios de donde no se vuelve. Y el poeta leía. Rodeado y feliz, tranquilo como su verso. Y comentaba: la desmemoria, el olvido, la intemporalidad, la intimidad, los poetas como mirada y memoria, la ambigüedad, las historias familiares… (Aquí cuenta su impresión del acto)
Observé a Jordi Doce, Alfredo J. Ramos, Javier Lostalé, Pureza Canelo, José Ramón Ripoll, Andrés Catalán, Marta Agudo y Adolfo Cueto escuchar con atención. Más allá, Tánger: 12 euros de impecable edición.   

Viernes 23
 
Jesús Malía firma, Ángel Guinda espera. Foto Carmen Lafuente
 

   Pudo ser el viernes 23 unos de los días con más convocatorias en el Madrid poético. Sigan a Ángel Guinda, nos dijo el jefe, y comiencen por lo más cercano Geográficamente se entiende.  En Casa del Lector casi se solapan dos de ellas. 30 minutos y un tabique las separaban. En el aula de la izquierda Jesús Malía presentaba Deriva, nuevo amarillo de Tigres de papel. Muchos poetas en la sala. Ángel Guinda y Bolo entre ellos. En la impecable presentación, José Cereijo atendió a la intención del poeta de adentrase en el alma de la Naturaleza hasta la identificación, de ahí su apuesta decidida por los haikus. Aquí pueden leerla. Fue un acto sencillo y rápido. Jesús prefirió leer de pie. Avisó que ya no es el poeta matemático con el que se le apellida en el mundillo, y que la obra de Bashô le había llevado un año de estudio (con correcciones, matizó, a algunos de sus traductores). Leyó con emoción indisimulada, aportando palpito –algo dificilísimo- a poemas de tan corta extensión. Este por ejemplo: Miro la nieve./ Invierto mi energía/ en aclararme. Hay que advertir que al apartado de los haikus le sigue otro con poemas de versos palabra sola. Mas cortos aún que un haiku. Como este: Gota / entre/ las/ gotas/ del/ mar.  El libro, recordó el editor Paco Moral al finalizar el acto, termina con unas reflexiones en torno al hecho y la práctica del haiku. En fin, un nuevo y distinto Jesús Malía. Sensible, humilde.

En el recinto de al lado se presentaba el décimo número de la revista El Alambique. Revista siempre cuidada, modélica,, que seguimos desde su inicio. Digamos pronto que mucho más cuidada y modélica que el acto de esta presentación. Acto que trasmitió cierta apariencia de tensión relajada. Hizo de mantenedor, como es costumbre, su director Agustín Porras, que pronto dio la palabra a Ángel Guinda, quien leyó una de las dos anécdotas con Leopoldo M. Panero que incluye en su colaboración. Amador Palacios, aún con aire tangerino, presentó luego el núcleo central de la entrega que consiste en una mirada amplia sobre la poesía española del segundo tercio del siglo XX, aprovechando, aclaró, el material de dos pasadas conferencias. Desfilaron después algunos, pocos, de los poetas colaboradores para leer su poema, antes de que José Luis de la Vega declamase, sin micro, sin atril, las colaboraciones de dos argentinos. Al final se alzaron algunos lectores espontáneos. Momento exacto que aprovechamos para dejar la sala, para desplazarnos al Ateneo.
Apoteosis final con Ángel Petisme
Allí, el enjambre. Una sala repleta acogía la presentación del libro del aragonés, poeta y cantor, Ángel Petisme. Allí volvían a estar Ángel Guinda y Bolo, no nos despistaron. Sobre un mar de cráneos, vimos la mesa. Hablaba sin parar, sin parar, sin parar LA de Villena, esperaba turno LE Aute. Vimos a Maxi grabando. Saludamos a MA Yusta y a LG Recas. No cabíamos, ni quisimos (por el calor). Llamamos al jefe. Que sí nos dijo, que alguien contaría lo de Petisme mejor que nosotros (y acertó: vedlo aquí)  (o acá), que nos podíamos ir a la calle León, al sitio donde los vinos, el queso y la cecina que sabemos. Pero que le lleváramos la nota. Jesús del Real se sacrificó como testigo acompañándonos. Hay historias que terminan bien.
    

6 comentarios:

Javier Díaz Gil dijo...

Intensa jornada querido Paco. Fui testigo de la presentación de Malia con las fantásticas y certeras palabras previas de Cereijo. Me hubiera gustado acudir a la presentación del Alambique y el Ateneo pero no me fue posible. Gracias por tu crónica, amigo. Siempre necesaria.

fcaro dijo...

Contar los tiempos entre amigos es siempre un placer, Javier. Sentí yo no poder acompañarte en la calle Galileo. Otra vez será. Un abrazo.

Eduardo Merino Merchán dijo...

Qué buena disección del libro de Valverde, Paco. Qué gran libro. Pero el autor ya nos tiene acostumbrados. Me hubiera gustado estar, ya sabes. Pero fue imposible:finalmente tampoco pude ir al otro sitio. Cuidado con la(o)s poetas airada(o)s. Mi abrazo.
Eduardo

fcaro dijo...

Es la impresión que me dejó al escucharle y que luego confirmó la lectura sosegada del libro. Es algo que fluye con naturalidad.
Un abrazo.

Eloisa Pardo Castro dijo...

Hice lo posible por ir, pero se me negó la oportunidad. Hubiera vuelto con tanto aprendido. Suerte a todos y mi enhorabuena. A todos.

fcaro dijo...

Hubieras aprendido, Eloisa y hubieras andado, seguro.
Un abrazo.