jueves, 10 de octubre de 2013

Dos distintos

1

Theodoro meditando en los Andes
(De su web oficial)
Nunca fuera caballero de laudes tan bien servido. Le sucedió al chileno y poeta Theodoro Elssaca cuando de Rumanía vino. Allí participó en el festival poético que se acostumbra. Sucedió en el Ateneo de Madrid, viernes 4, en el salón clásico de la Cacharrería. Completos sus lugares. Allí habló Miguel Losada, encomiando, allí Pablo Méndez editor atareado y complacido, allí Sergio Macías, subrayando lo subrayable, allí Ángel Guinda, autor del prólogo, corto y directo, que destacó la aversión de Elssaca por el tabaco, y allí Antonio Daganzo, ya casi chileno, que pudo discurrir, por fin, con inteligencia por la obra escrita de Theodoro.  Todo lo escuchó el araucano con calma tensa. Le llegó el turno, le llegó. Agradeció y eligió leer de pie, en pie, parte de su obra contenida en la antología Travesía del relámpago que le ha editado Vitruvio. (Siempre Vitruvio en Mientras la luz. La sospecha.) Leyó, sigamos, con ese aliento de poeta visual y antropológico que tanto cultiva, con un puntito de ambición celeste y tentación tormentosa. Leyó un fragmento del poema Rapa-Nui, otros de su guardado Viento sin Memoria, y de su aventurero El espejo humeante-Amazonas. Un silencio de caoba apresaba a los oyentes cuando inició la lectura del último texto, el que dedica a la muerte joven de su hijo: “Mientras tú respires – me dijo- viviremos los dos”. En las conversaciones que siguen, aquellas que suele vigilar la cercana calle León, nos pareció generoso y volcánico, abstemio y reparador. Los poetas Fernando Sabido y Miguel Ortega, entre otros, lo guardaron.   

2

Eduardo Merino en Libertad 8
A veces la poesía y sus caminos nos conducen a tiempos y espacios donde el sosiego desciende. Donde la lentitud, la calma y la comunión invaden. Tan solo hace falta la voz que los extiendan, su autoridad. Era la vez primera que Eduardo Merino hacía una lectura en solitario. Ocurrió en Libertad 8, miércoles 9, y tuvo la virtud que hemos indicado. Colaboró en el clima José Luis Fernández Hernán, destacando la sencillez constructiva de la poesía de Eduardo, su verdad y el toque machadiano de bondad serena que se levanta a su alrededor. Hay siempre la búsqueda del concilio, de aceptación esperanzada de la vida en sus versos. Eduardo es poeta contenido, no tanto en la producción como en su oferta, como en su puesta en escena. En 25 años, cuatro libros lo anuncian: Como un naufragio, Palacio, Poblar un mundo y Mira, del que ya hicimos mención en otro momento. De todos ellos escogió temas para su lectura. Comenzó con un espléndido poema que reúne todo aquello que hemos indicado. Dijo poemas en donde la pregunta existencial y la respuesta que hermana dialogan. Anunció que las tentaciones introspectiva que se atisban en su obra se han visto reforzadas en los poemas que aún esperan papel. De ellos ofrecemos Vuelves.Terminó con el poema que cierra Poblar el mundo, el que le acerca al aroma y al paisaje de su madre. Los poetas Ana Ares, Paco Moral, Paco García Marquina, Rafael Soler, Aurora Auñón, David Morello y Antonio Daganzo estuvieron entre los que llenaron el local.       
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Vuelves

Comes en casa ajena
te alimentas de otra luz
recorres el mapa de otro territorio
y te abrigas con el rumor de otras palabras

pero vuelves

cuando tienes la piel húmeda vuelves
vuelves cuando amanece la otra tristeza
cuando llega la lluvia gris
                                                       vuelves
a la casa techada y con paredes
de ventanas abiertas a tu vida.



2 comentarios:

Leo dijo...

Todo un privilegio para los que allí estuvieron. Felicidades a Eduardo por esta oportunidad merecida y aprovechada. Felicidades a ti, Paco, por poder estar allí y por el poema elegido, en el que se vislumbra la tierra adoptiva del poeta. Gracias.

fcaro dijo...

Gracias Leo por estar al tanto de todo, Sí que fue un privilegio estar con Eduardo esa noche. Y esa vuelta de la que habla bien puede ser a una sierra que tanto reconforta. Espero volver con algún buen motivo. Mi abrazo. Paco