jueves, 21 de marzo de 2013

Tras el nuevo nombre del Papa, sigue la vida



Participantes en el homenaje abulense
a Vicente Martín.
Fotografía: MC Barri
En Ávila, siendo 13 de marzo, día de hibernal ventisca, José María Muñoz Quirós, poeta, quiso que la tertulia que semanalmente se reúne en El Episcopio, recordase la persona y la obra de Vicente Martín. Con la misma sencillez con la que vivió y escribió Vicente. Quiso que dos de sus amigos de infancia y adolescencia recordasen sus vivencias conjuntas, quiso que tres poetas se desplazasen desde Madrid para leer poemas en homenaje a Vicente (José Luis Morales, Ana Garrido y Francisco Caro), quiso que José Pulido condujera el acto de forma admirable, dijo que el próximo número de la revista de creación El Cobaya estará también dedicado a la figura de Vicente, quiso que los miembros habituales de la tertulia leyeran poemas escogidos del poeta recordado, y quiso que la familia estuviera presente. Todo se cumplió con gozo. Al comienzo del acto alguien elevó su voz para anunciar el nombre del nuevo papa, porque todo quedase en la memoria. La poesía, siempre la poesía. El efecto y las causas. Rubén (Darío), Francisco (de Asís), y los motivos del lobo.

Nicolás del Hierro durante su intervención.
Fotografía: Lidia López Miguel
La poesía y la fatiga son a veces términos que se desconocen. Lo sé cuando contemplo y hablo con Isabel Miguel. Sé que hablo en ese mismo instante con multitud de amigos. Centenares de amigos movilizados para construir revistas literarias reconocibles por su calidad. Si hace días hablábamos de Troquel, hoy lo hacemos de Álora, la bien cercada, de ya larga trayectoria, y de Bora, que va por su número 2. En ambos casos aparecen también de la mano de José María Lopera, el incansable poeta andaluz. Y agitador. El jueves 14 quisieron estar en el Ateneo para celebrar la aparición de Bora y leer sus poemas, Nicolás del Hierro, Pedro A. González Moreno, Cristina Cocca, Ana Garrido, Ángel Guinda, Zhivka Baltadzhieva, Laura Gómez Recas, Carmen de Silva, Rosa Jimena, José Luis Morales.... El acto fue presentado por Carmen Feito y Fran Portillo. Bora se caracteriza por añadir a cada poema su versión manuscrita del autor, además de procurar una presencia importante de poetas de otras lenguas. Infatigables Isabel y José María. Y los poetas, que no cejan.
  
Joan Payeras, segundo por las izquierda,
con los miembros de jurado tras la entrega
del premio Café Comercial de poesía.
Madrid es madre generosa para la poesía. Multitud de lugares públicos se ofrecen para el decir poético. El Café Comercial, lugar de encuentro donde los haya, ha levantado con Ediciones Vitruvio una fructífera colaboración que hace que cada viernes ocupen su salón de la primera planta (El rincón de don Antonio, lo llama Pablo Méndez) con actos y presentaciones de libros. Tal vez así surgiera la creación de premio de poesía Café Comercial. Sin dotación económica, pero con el honor de ser editado en la colección Baños del Carmen. Joan Payeras (Palma de Mallorca, 1973) ha sido su primer ganador. Su libro La luz y el frío, el escogido. Fue presentado con inteligencia y soltura por Raúl Nieto de la Torre, presidente del jurado. Luego el autor habló de la pretendida depuración de su lenguaje, de su cuidado para que no medraran palabras ociosas, de su voluntad, al constatar su curso, por escribir el tiempo como signo de felicidad, . Leyó algunos de los poema del libro, que allí mismo, sin esperar, se ponía al mercado (11 euros). Luego, los asistentes resistentes (Eduardo Merino, Aurora Auñón y Pepe Elgarresta entre otros), el autor, y el jurado, supieron de la generosidad y la elegancia de Fernando Vera, gerente del Comercial, que quiso celebrar el acto a pie de barra con sus amigos y clientes, agradecido de que le acompañen en la travesía. Ese fue el momento, en el viernes 15 de marzo, de la imagen de Joan Payeras con el feliz jurado, que ofrecemos.
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Pasado

Como si recorriéramos 
un estrecho pasillo a oscuras, 
desandando a tientas la memoria. 

Lo que queremos encontrar 
es todo lo que pasamos por alto. 
Lo que no importó entonces 
y hoy es imprescindible.

                                     Joan Payeras