domingo, 11 de diciembre de 2011

Lo están pasando mal, pero viven aún


No hablo de palabras como impoluto,
como arrebol, rosicler, pentagrama, gaviota,
abisal, enlutado, crisálida,
véspero, inmarcesible, luciérnaga,
enramada, cantil… (y perdonen)
ese hatajo de sillas desvencijadas,
repipis comodines del poema cartón piedra.

Hablo de palabras de verdad. Hablo de ausencia,
de sombra, olvido,
de memoria, ceniza, luz, silencio,
noche, soledad o lluvia… Son palabras poderosas
tanto que usadas con la tensión precisa,
con inesperada intención, con la exactitud que piden,
son en sí mismas poema. Siempre lo fueron.

Siempre lo fueron antes del abuso, antes de ser
manoseadas, devaluadas en sus significados
y así prostituidas, humilladas, arrastradas por todos
los sumideros de los convencionales
usos poéticos, encadenadas por la rutina a triste oficio:
de lo socorrido, de lugar común,
de material de relleno, de derribo.


Pero viven.
Tan poderosas que bastaría
la mano en el arpa de cualquier verdadero
para que, sin mácula, volvieran a ser lo nuevas
que son, a retar al cielo, a significar cuanto significaron.


8 comentarios:

José Luis dijo...

Y espero que sigas hablando: tus palabras son tremendamente buenas, amigo.
Un abrazo!

fcaro dijo...

Mis palabras, tus palabras, las palabras... Continuaremos mientras ellas continúen. Procuremos no manosearlas demasiado. Otro abrazo. Paco.

Anónimo dijo...

Tienes razón, hay que salvar todas las palabras, que más que palabras son conceptos del alma, para que no formen parte de los tópicos.Todas las que nombras, todas ellas porque en malas manos terminarán formando parte del lenguaje coloquial de la nada y eso no lo queremos los poetas porque de esas palabras hemos sobrevivido en la poesía. Besos, ante tus verdades, Paco. Te felicita CRISTINA COCCA

fcaro dijo...

Cristina, es una señal de peligro, como las que existen para regular el tráfico. Por supuesto que todas las palabras son válidas,no hay vetos. Ya lo hemos hablado muchas veces. El problema es, por un lado, su utilización como adorno, como macetas, por creernos que su sola presencia embellece,o, por otro, su uso rutinario. Nos afecta a todos. Hay que estar vigilantes y ni aún así.

Suerte de tener lectoras como tú, atentas al matiz.

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Hay veces en que uno tiene que callar y aprender... así que aquí me tienes, calladita y aprendiendo...

Un fuerte abrazo
Marian

fcaro dijo...

Querida Marian, tú naciste con el virus inoculado. Eres poeta mientras hablas, mientras caminas. Ya ves que sólo, y como discípulo, pido un poquito de respeto para ellas. No usarlas en vano.
Un abrazo. Paco.

Anónimo dijo...

Si hablamos de salvar las palabras, me parece que "atajo" lleva h.

fcaro dijo...

Otra salvada. Gracias.