miércoles, 27 de julio de 2011

Complicar lo sencillo

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En este ágrafo y atlántico verano he tropezado con este artículo de CAIUS APICIUS sobre el vino, que bien parece escrito sobre poesía. Hagan como yo, amables lectores, donde ponga vino lean poesía. Se entiende todo.

Es conocido el lento, pero imparable, descenso del consumo de vino en España, uno de los principales productores: en unos 30 años hemos bajado de 50 litros por persona y año a menos de 20. Espectacular. Normal que se busquen las razones. Y no menos normal que se encuentren unas cuantas.

El problema está, sobre todo, en que ese descenso de consumo afecta sólo al vino. El español aumenta cada año la cantidad de cerveza que ingiere, ya anda por los 90 litros por persona. Y no parece que disminuya significativamente el consumo de destilados como el whisky y, sobre todo, la ginebra, en un país que ha enloquecido con el gin tonic.

Los que defendemos y defendimos a capa y espada el consumo de vino, los que creemos y proclamamos que el vino es la más noble de las bebidas, hemos complicado las cosas hasta el extremo de dar, al no iniciado, la imagen de que para disfrutar de un vino hay que adquirir una serie de conocimientos casi esotéricos, custodiados por un grupito de sabios.

Hemos pecado, y pecamos, tanto los periodistas como los sumilleres, los enólogos y los bodegueros. Hemos creado un léxico casi incomprensible para el neófito, que se pregunta aterrado cuál será la diferencia entre un rojo picota y un rojo cereza, o qué será eso de las notas florales en la vía retronasal, o de qué va el que le habla de polifenoles, o de esqueletos tánicos... Conocimientos exigibles a un enólogo, y que, es cierto, no le vienen mal a un aficionado -cuanto más se sabe de algo, más gusta-, pero que no son imprescindibles para tomarse un vino.

Supongamos que a usted le apetece una cerveza. Va al bar, pide una caña, y santas Pascuas. Se la tiran bien, está fresquita, con su espuma justa, se la bebe usted y la disfruta... sin entrar en averiguaciones sobre la procedencia de la malta o la proporción de lúpulo. Está buena, y ya está.

Va usted a un restaurante con sumiller; hoy hay superávit de sumilleres, deseosos de demostrar sus múltiples conocimientos, con los que abruman al cliente bienintencionado e incauto. Desplegarán ante usted una lista de vinos, zonas y uvas de las que usted nunca había tenido noticia... ni, en general, falta que le hacía. Porque a base de recomendar vinos que no conoce nadie, y tal vez aprovechándose de la superioridad que le da a él estar de pie y mirarle a usted desde un plano superior, acaba metiéndole un muerto que usted, por si acaso, no se atreve a criticar.

A mí acaba de pasarme en un gran restaurante, bien es verdad que en ausencia de su sumiller titular: me puse en manos del segundo y... qué desastre de vinos. Y me los recomendó como si fueran sendas joyas. Para él puede que lo fueran: a mí no me dieron la menor satisfacción. Lo malo es que llueve sobre mojado, porque a base de recomendar vinos raros estamos olvidando los grandes vinos.

Va uno a las publicaciones especializadas y el desconcierto aumenta: escriben para iniciados, cuando no para auténticos doctores. El lector busca vinos que le suenen, pero no los encuentra; en cambio, se entera de que hay una variedad anterior a la llegada de los cistercienses en Villavieja del Conde, con la que un enólogo visionario elabora mil botellas de un vino único... Pues que le aprovechen, hombre, que le aprovechen.

Es mucho más fácil que todo eso, pero nadie quiere reconocerlo. Hemos envuelto al vino en un aura de misterio, de iniciación casi mística; hemos formado templarios del vino. Saber de vino, o aparentar que se sabe, queda bien. Abundan los libros, mejor o peor escritos, sobre el tema; incluso los manuales, que a mí me recuerdan aquellos libritos de hace años que prometían al comprador que hablaría alemán en diez días. Entender de vino para hablar de él con conocimiento de causa lleva, sí, su tiempo; adquirir los conocimientos convenientes para disfrutarlo, no tanto.

Y que se vayan preparando los amantes del gin tonic, porque llevan el mismo camino. Señor, qué afán de complicarlo todo.

14 comentarios:

Amando Carabias María dijo...

Y ahora en mi querida Ribera del Duero, se crea la mayor planta desalcoholizadora para el vino. Lo que nos faltaba. Tú que sabes y puedes, ruega Baco que los confunda. Grrr!!!
Por cierto, bienvenido.

fcaro dijo...

Amando, estamos a punto de casi locos. Menos mal que quedáis algunos que podéis poner una nota de cordura tanto en lo poético como en lo báquico.
Un abrazo.

Isolda dijo...

¡Con lo que me gusta el vino y la poesía! Pero no sufráis, hay cosas que nunca morirán. Los romanos no se equivocaron.
Besos sencillos, mejor

fcaro dijo...

El vino y la poesía han sido siempre hermanos. Eso lo saben muy bien en Valdepeñas. Y parece que también en la ribera del Duero. No compliquemos las cosas: bebamos y recitemos entre amigos, con amigos. Volveremos con más fuerza.

Anónimo dijo...

No estoy de acuerdo en la comparación del mundo del vino con el de la poesía. Para todo, para el arte quizás más, se necesita un previo conocimiento de sus características y normas fundamentales, aunque no estrictamente hay que ser un maestro entendido. Para apreciar un vino hay que tener algún conocimiento, para entender y hacer poesía hay que tenerlo también. Lo siento, Carísimo, te desmonto, con mucha mala idea, tu teoría, ja ja. Besos de bienvenida al mundo otra vez después de tu silencio. Cristina Cocca.

fcaro dijo...

Queridísima Cristina: hay que saber algo de las cosas para poder disfrutarlas mejor, pero no debe ser imprescindible pretenderse experto crítico y comparativo para disfrutar un buen poema, un buen vino. Estamos al borde de perder el justo medio. El lugar en donde es posible disfrutar y proclamrlo sin temor de parecer ignorante de superiores estadios.

Poesía y vino al alcance de nuestra mano. Sin desdeñar otras alturas. pero sin cmplejos.

Buen verano, buen septiembre. Paco

Anónimo dijo...

De acuerdo con tu reflexión. Ya ves que en realidad todo es cuestión de sensibilidad. Es decir tener eso que se llama sensibilidad para apreciar las cosas sin ser un experto. Pero debes reconocer que para hacer poesía o entenderla no solo se necesita sensibilidad. Brindo contigo con ese vino necesario para festejar las ideas y compartirlas. Cristina Cocca.

Antolín Amador Corona dijo...

Hay que tener cierto conocimiento, de acuerdo, para disfrutar de la literatura el primero es saber leer. Se puede disfrutar de una película, incluirla en tu lista de imprescindibles sin saber que es un plano Two Shot, sin saber que que la película era normalita y el montaje la ha salvado o sin saber cómo se quebró la cabeza el director de fotografía para que esto o aquello tuvieran la luz apropiada en el momento justo. La poesía para eruditos, la catedrática, la de los círculos pequeños de los que escriben sólo para otros poetas la convierte en un artículo para la yet set. Mal. Un ojo a los poetas que movieron pueblos enteros.
Ya está bien de hacer vino con premeditación y dárselo a beber sólo a los paladares que convienen.

fcaro dijo...

De acuerdo Cristina. Es imposible no estarlo. Me gustaría que la gente se acercase a la poesía con la misma naturalidad con la que pide una cerveza en un bar, pero me temo que es imposible. Hay que tener algo más, pero el asunto es que sea sólo algo y no demasiado más.

fcaro dijo...

Antolín: vino que busque todos los paladares. Aunque sabemos que hay paladares distintos y algunos lo pueden rechazar.

El problema es el que señalas: cuando ya desde la creación se piensa en un producto para un círculo reducidísimo del se espera la aprobación, sin pensar en otros los lectores.

Hace tiempo fui joven, continuo, de la época anterior recuerdo los cines de "arte y ensayo", mis amigos huían de ellos como de la peste: pensaba que ese cine no estaba hecho para ellos. ¿Vinos de arte y ensayo? ¿Poesía de arte y ensayo?

Ojo: no se trata de´la pamema de la línea clara o de la hermética. Es algo distinto.

Anónimo dijo...

Querido Antolín, no creo que a la yet set le interese la poesía. Y sí es necesario saber leer para apreciarla, no olvides que también la poesía se puede escuchar. Y no digo más porque se enfadará nuestro Carísimo por utilizar su blog para polémicas. Os quiero a los dos. Cristina Cocca.

Antolín Amador Corona dijo...

No hay polémica, son opiniones... y la tuya como cualquiera la respeto con toda sinceridad y, con la misma, no la comparto en absoluto.
Aclaro: Yet set poética.

Saludos.

Anónimo dijo...

Por supuesto que he entendido que en este caso es la jet set poética o sea la de los ámbitos cerrados y elitistas, de los que sientan cátedra y no quieren que nadie les contamine. Pero así y todo sigo opinando que a estos foros no les interesa la poesía tal como la entendemos los demás. Besos.Cristina.

Olga dijo...

Tiempo sin volver, pero ya sabes, como el mar, regreso ola tras ola, ¿poesía o vino?, soy de albariño y de cuando en vez uno de esos tintos con cuerpo de pecado, que sepa bien al paladar, aunque no me lo recomiende un sumelier, que imagino que saben mucho y los respeto por ese aprendizaje a que se han sometido para escoger por nosotros lo que debemos o no tomar, eso si, mi gusto es mío y con el llevo conviviendo unos añitos, algo he aprendido...creo. Con esto de la poesía me pasa lo mismo, tengo un paladar muy mío, y ya no te digo a la hora de comprar una botella entera (o pemario que que también me vale ),dejo el diseño para los que disfrutan de 2 cc de contenido en 50cc de continente, beber en una bonita copa me gusta pero no soporto la tacañería con que algunos te sirven los mililitros.
No lo dejes, saber que andan por aqui, en esta red tan "virtual" tus luces, me anima a tomarme una copa de vez en cuando, o a tomar de la mano algún poema incluso me anima a seducir alguna que otra palabra para componer esos paisajes que me rompen, no sé de vinos, ni de poemas, solo decirte que en estos momentos tengo sobre la mesa una cesta llena de uvas de esas de verdad, de las arrancadas con mis manos de la parra y camino mirando, buscando entender lo que me cuentan, es lo que entiendo por poesía,lo demás se lo dejo a los expertos.
Un beso marino para ti.