domingo, 23 de marzo de 2025

Poema: Juan Alcaide. Estatua y plaza




Hablábamos ayer unos amigos de Juan Alcaide, de su influencia en la poesía manchega durante tanto tiempo. Para bien, para mal. En el año 2007 estuve en Valdepeñas, en la plaza a él dedicada, ante la escultura que lo recuerda. Escultura que reproduce una conocida foto de Juan con su maleta. Sentado, leyendo y esperando un tren en una estación cualquiera. Cierta malformación profesional, que ya por entonces me aquejaba, me hizo atreverme a uno de catorce.

Al poeta Juan Alcaide, estatua y plaza
 
Ya eres solo colmena de metales
y una mano que crece en el cuaderno
donde escribe la lluvia, pozo tierno
tu memoria de madres y de males.
 
Pozo de nadie, Juan, nunca le tomes
a las aguas su sed, saben que fuiste
la pregunta sin tiempo, vino triste,
vacío corazón, mas no te asomes.
 
Volver, partir, en tu maleta dura
el temor de dejar los jaraíces
cuando suene la aurora. Voz oscura,
 
los relojes del vino dan las once,
y en la plaza que escribe tus raíces,
solo hay pena alcaidiana, solo bronce.
 


martes, 18 de marzo de 2025

Poema: Lenta y fugaz

 
Imagen de M Jesús Beristain


Lenta y fugaz 

       (Esperando a F.B.)
 
Lenta y fugaz es la belleza.
 
Con qué calma atraviesa los instantes
y cómo no reclama. 

Es en sí.
Vive sola. No precisa de nuestra
contemplación.
 
Nunca atiende a rutinas.
Jamás a la decrepitud.
Y elige.
 
Hace lázaros a quienes
ella desea cuando
sutil, inesperada,
aparece y les dice:
Palpad aquí mi herida.

Lenta y fugaz,  
se hace instante un instante.

Y es entonces
posible creer, posible crear.
 


jueves, 6 de febrero de 2025

Un poema 2025: Río Bullaque

 


Río Bullaque
 
 
El agua es la verdad,
también la suya.
 
Alguien lo encarceló,
hizo uso y abuso
de él, y débil,
maltrecho llega
cuando acude a nosotros.
 
A veces se detiene,
duerme en las tablas.
 
O canta en las chorreras.
 
Vive,
vive apenas, mas
vivir así,
vivir si otros te dejan
es ya morir.

 

(De Fuentévar)

domingo, 19 de enero de 2025

Una carta a y tres poemas de... ANA ARES

 


Ana,

Dice Miguel Casado que la escritura surge cuando se produce un clic, algo que rompe con el discurrir del texto inerte. Y del inerte tiempo, añadiría yo. Entre los años 2008 y 2024, se produjeron en ti, Ana Ares, numerosos clics. Numerosos fuegos escritos para romper rutinas o para proclamar excitaciones. Casi novecientas revelaciones. Ya sé —he leído libros tuyos de antes— que eres poeta atenta a las provocaciones: la ciudad, los viajes, los once minutos… y que las anotas rápida, nerviosa, intuitiva, feraz, encendida, con rabia, bondadosa, desnuda y escuchando. “Me gusta caminar / conmigo solamente, / tú a mi lado”. Si tuviera que espigar un solo poema de La caja de costura porque alguien me obligara a definirte, sería ese. Y es que no puedes dejar de ser sola, una, tú; y al tiempo no puedes dejar de compartir, de ser con. Sé de tu tierna ilusión con este libro, con esta miscelánea compilación de las anotaciones poéticas, con este dietario que te ha ido recopilando durante tanto trecho. Compartí la ilusionada, ilusionante, presentación que en la SGAE tuvo lugar; y sabes que aprecio en mucho la cuidada sabia edición que Paco Moral ha gestionado para Tigres de papel. Tengo siempre cerca de mí el libro, el costurero: abro, leo hilvanes hilvano encuentros y coso desasosiegos. Lo necesito a veces: ayer mismo. Dices: “Soy la que invoca la noche cada noche. / Quiero que me convierta / en nocturna flor”. Proponer a tus lectores, a mí en concreto, un libro de esta amplitud formal y literaria es un desafío que te acepto. Pequeños dulces, manjares al gusto, lugares en donde el amor, sus dobladillos y sus misericordias, son el pespunte capaz de unir la palabra con la vida. Nada es real hasta que no se escribe, hasta que no se cose, dicen. Y yo lo creo. Mira Ana, todo lo que tu haces real vive con devoción, todo revuelto en esas latas (de antiguo membrillo) que devienen en casa de costuras. Y nada pierde identidad. Ovillos poemas, bobinas poemas, acericos poemas, agujas poemas… “Soy / estrella, oscuridad / aunque amanezca”. Debes saberme contento de tenerte en libro cada día, de sentir cerca tus chispazos, tu valor sereno, casi tu historia. Novecientos botones, ninguno igual y sin embargo todos entonan una canción misma y diferente, nunca una caja de costura es semejante a otra, y en todas estallan la vida y las revoluciones. Ana, tu mano sabe remover, revolucionar, tu mano tiende a la belleza, tal vez por eso la poesía la ronda en busca de cobijo: este libro. Y por qué no decirte que es también un libro de afectos, una declaración de amor a la vida por encima de todo obstáculo, un amor recio y tranquilo que ignora lo sensiblero, una declaración de compromiso con lo que merece: con la alegría, con los otros, con el otro, con la felicidad, con el temblor y el miedo, con el riesgo de quien se atreve, con la necesidad de ser querida… y fundamentalmente con el poema. Ana, ningún poeta, ninguna poeta escribe con la intención de contar nada, aunque lo parezca, todo argumento es excusa: se escribe tan solo para escribir un poema, para intentar atrapar, si se deja, la poesía. Te escribo para decirte. Para decírtelo.

 

*

Cae el silencio

en mi sueño, mi hastío, mi pereza,

y es la noche debajo de mi ropa

ese crimen de lesa dejadez.

*

No sobreviviríamos, no adquiriríamos hábitos.

Tan solo ese arrebato seremos, somos, fuimos.

El invierno era ajeno, no fue nunca nosotros.

*

Nunca fuimos iguales,

siempre en nuestro dolor

éramos dos.

viernes, 10 de enero de 2025

2025 y digo

 


      Comienza para todos 2025 y creo que hace 17 o 18 años que inauguré la ventana de este blog. Mientras la luz es también el título del segundo de mis libros (que publiqué en la BAM y que presenté en Ciudad Real y Madrid. Tiempos). Apenas he leído en público de él porque no considero tanto sus poemas aislados como el conjunto de todos. Alguna vez me gustaría leerlo entero, seguido, ante gentes amigas que lo quisieran escuchar. Pero estamos todos tan saturados que da vergüenza siquiera pensar en ello. El blog tuvo para mí sus mejores momentos cuando me apetecía trasladar mis impresiones de aquellos actos a los que asistía, creo que incluso existían algunos lectores habituales. También cuando hacía Consejos de Redacción con la becaria. Intenté, porque quise, que otros amigos, otros poetas estuvieran en esta mi casa, y recuerdo que escribía cartas abiertas sobre lecturas deseadas. Luego todo, con el auge de las redes, se fue amortiguando. Y porque, seamos sinceros, menguó mi afán escribidor. O mi entusiasmo. Llevo tiempo pensarlo en cerrar, en bajar la persiana, pero me da muchísima pena porque fue cancha de alegrías. Durante el pasado año he intentado mantener una agenda poética madrileña en atención a algunos amigos que la visitaban. Tal vez la continue porque les sirve a ellos, dicen, y a mí, digo. Escribo poco (pocos poemas). Me ocupo más en colaborar con las ediciones de Mahalta (la que trajo Aquí), tan próxima y cercana, tan querida. De alguna manera es variar de horizontes, de costumbres. Desde la ventana que supone la editorial percibo el momento actual de la difusión poética, su escasa amplitud y sus limitaciones, ante el fervor de tantos y (en muchas ocasiones) buenos poetas. Desde esa ventana, digo que ha crecido mi aprecio por los editores que siguen cuidando su trabajo, y que he tomado nota de los que persisten en los descuidos como si solo desearan ser impresores. Vuelvo a decir que escribo pocos poemas, pero algunos. En los últimos meses (¿años?) he continuado creciendo aquel cuaderno -Fuentévar- que edité y difundí graciosamente entre mi familia poética, tan amplia y querida. Son poemas nacidos de la contemplación de la Naturaleza; y de algunos rastros de mi memoria y mi cuerpo en ella. También de su anuncio como casa futura (no tengo prisa). La colección Adivinos, de la editorial en la que colaboro, acogerá una primaveral edición de tal gavilla. Hace 4 años que no edito, nunca ha habido tanto tiempo mío entre un libro y otro. 

El pasado día 9 encontré en el camino (que hago acompañado, bien sabéis) una piedra miliar, un mojón con un 7 y un 8 escritos e invisibles. Me dio tiempo a preguntarle, a preguntarme. Todo sigue de momento. Todo sigue mientras la luz.

 

Piedra miliar 
 
 
La luz va por las ramas, se alabea.
 
Hacia un norte que espera regresamos.
Hacia el invierno. Vemos
cómo escapan los ciervos, sigilosos,
cómo huyen
los años jóvenes.
 
Dices: El tiempo sopla fuerte.
Digo: La vida nunca ofrece son ni tregua.
 
(Ocultos
tras los robles, dos pares
de ojos herméticos, de cifras
—4 y 7 las unas, 5 y 0 las otras—,
vigilan que no huyamos).
 
Un vendaval de gestos
y un oculto reloj, que calla y cunde, vienen
al paso con nosotros:
enhiesta nos detiene
una piedra miliar.
 
Dime qué hicieron
—pregunto al hito— las gentes que por ti
antes pasaron, que tú supiste; qué hicieron cuando
las sombras acudían con sus hambres

a este mientras que somos.


martes, 10 de diciembre de 2024

TOMÁS RIVERO: autoedición consciente




 

TOMÁS RIVERO es un paseante discontinuo de esta calle travesía a la llamamos Face, donde a veces nos saludamos con un gesto, a veces alzando la mano y una sonrisa y en ocasiones nos paramos a charlar si no caminamos apresurados. Nos vemos, nos sabemos, llegamos a conocernos a base de contactos múltiples. Tomás Rivero es poeta desde cuando tecleaba la Olivetti y después grapaba los folios sospechando ser editado. Desde hace... , desde cuando creía en Trotsky y lo permanente. Que a lo mejor. Siempre ha dudado de la edición reglada, aunque esta no frecuente los márgenes de la maquinaria empresarial sino de la aventura. No obstante, se puso a prueba con Cámara de Humos, resistió con De un libro que no pienso escribir nunca, y cedió a la amistad curielense con Ceses, en Amargord. Escéptico como sigue, se ha dado a a la autoedición consciente y exigente: pura. Sin ISBN ni depósito legal. Por el simple goce de verse y repartirse entre los amigos y lectores que pretendan. Un acto de valentía. Tiene el proyecto de seguir. Llama a sus productos con el nombre genérico de “Folios grapados”, como antaño. Porque la vida cambia y al tiempo permanece. Tiene la fábrica en Lugo. Es buen poeta cuando está en Cádiz, a quien dedica el ejemplar que tengo, es buen poeta cuando pasea Madrid y buen poeta cuando se refugia junto a la muralla romana. Y escribe, y le quema lo escrito. Le revienta. Pedile un ejemplar y enviómelo a prueba y cata. Habla de ciudades del Sur recreadas a lo Borges. Ciudades ocultas salvo para los que poseen don de lenguas, ciudades con murallas de acuarela que se llaman Grimen o Cánsemo, ciudades que se derriten al paso de los jinetes:

Bajo la lluvia triste las ruinas son plásticas,

tienen la textura de un temblor,

el escorzo gris de la piedra rota,

el paso mordido del tiempo mordido […]

tal anota cuando visita la ciudad cuyo nombre es Arrasada. A veces se detiene, a veces huye urgente tras las primeras fotografías. Son ciudades en donde la cal derrota a los amaneceres. Orgullosas y terribles. Ares: a la que ve con ojos entrecerrados, Madera: una gota de miedo a la deriva.

Digo, por cierta deformación, que el libro respira, que el papel se ofrece liberado, que abundan los jardines claros que tanto agradece la edición, que los materiales son exquisitos, que la edición es escasa, que la hubiera preferido numerada; y que estoy feliz como lector y como comprador de libros, aún.

Como el autor-editor, Tomás Rivero no fija precio, se lo he fijado yo, como se lo fijas tú si le pides uno. Por el importe decidido haré el bizum. Y animo.

lunes, 11 de noviembre de 2024

Un poema. Puños










Entro
en temblor a esta tierra
hace días labrada, entro
y escucho el alboroto en sus heridas, llagas
por donde el aire acude hasta lo hondo.
 
Entro y miro
estos puños en furia
que jalonan las cumbres de los surcos,
que tras el desespero
de lo que estaba oculto se levantan,
que se yerguen rebeldes
desde su dignidad
para la dignidad de todos;
estos puños curtidos
con que grita el secano, tierra unida
que apretada resiste a la rotura
criminal del acero;
estos puños en ira, testigos bajo el sol,
 ... estos terrones.
 
Su resistir, su tierra junta
nos salvan todavía.