¿Quién eres tú que taimado penetras, cráter mudo, en mi
desconfianza sin pronunciar mi nombre? ¿Vienes tal vez a poblar el dolor desde del
que escribo con días sanadores? ¿Qué pretende tu celo? ¿tu descaro? ¿tu escaso
disimulo? ¿Para qué ese mirar fiscal con el que
anotas, con el que sigues el rumor vespertino de mis
pasos? ¿Qué traes? ¿Vuelves para hacerme olvidar el sol
más alto, esa cruel cuchillada mal
cosida que fue la juventud, la
nuestra, esa ambición por donde aún supura incertidumbre la maltratada voz, mi cuerpo, estas yedras paredes? No me turbas, te esperaba, dejé entornados mis días
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