martes, 24 de marzo de 2020

La casa, los gorriones






IV





Más refugio que nunca,
decidí desde días (para días)
no hablar con sus paredes, sino
conversar sin tapujos
con la voz de sus huecos.

Así vivo la casa, así encontré
en las altas tensiones, donde vive,
el nido que he fotografiado,
que desde la ventana
con quien discuto observo.

Vuelan cortos y alegres
sus gorriones humildes, y me auxilian,
tras el cristal les hablo,
les digo que escribir es por ahora
mi único consuelo.



2 comentarios:

JOSÉ LUIS MORANTE dijo...

Querido poeta, todos somos observadores en una ventana que deja también sitio para la soledad y el miedo; así que la naturaleza ofrece optimismo, esa sensación de vida de un gorrión que crece y busca vuelo en el azul del día. Fuerte abrazo, Francisco caro, y muchas gracias por ese refugio habitable del poema.

fcaro dijo...

Todos lo somos, y animo a seguir con los ojos atentos las señales de vida que ellos ofrecen y que que nos pertenecen. Pienso que no seremos jamás capaces de encerrarlos en el poema. Ni debemos. El poema es un diálogo con ellos, con su oportunidad de vida. Gracias, amigo, por tus reflexiones, por tu atención.