sábado, 15 de septiembre de 2018

Poema: León Felipe y yo ante el polvo de un libro Losada



































































De qué sirven tus pliegos de cordel,
qué vas a redimir con tus palabras,
parlanchín caminante trasterrado,
España ya no esa
muchacha que pegaba su nariz
al húmedo cristal de tu ventana,
sino una triste
matriarca huera.

Qué bien que te murieses
hace ya tantos años,
cincuenta me recuerdan los que saben
de las celebraciones y de los camposantos,
dos hispánicos modos de loores
que en auge permanecen. 

Tenemos la palabra por fin y no sabemos,
poeta boticario de las barbas,
qué hacer con ella
cegados en la estúpida
manía de editar a miles y trasmiles
libros inútiles
que algunos nos devuelven –hoja a hoja­–
y con cuánta razón, reconvertidos
en pajaritas cursis de papel.

De qué nos sirven hoy el color indeciso
de tus páginas viejas, tus libros de Losada
comprados en el Rastro, devorados entonces,
–éste que limpio, por ejemplo–
que hace día bajé de su reposo
con la expresa intención de que dijeras.

Pero qué
podría preguntarte
yo a ti sin ser vergüenza, querido viejo lobo
del llanto solitario,
voceador de las necesidades,
antifranquista huraño y melancólico,
noble piedra de ruinas, príncipe de lo inconforme,
iniciático bardo de mi generación.

Qué nos queda de tanto que quisimos,
Qué nos queda del vino y sus canciones
Que no hagan callo –nos decías–
 las cosas en el alma ni en el cuerpo.

De qué pueden
servirnos a los dos
los versos efeméride que en esta noche escriba
para un libro homenaje
mientras ronda tu voz mi espalda de cautivo
sin sed, subvencionado;
de qué provecho
si no es el de mejor relacionar
todas y cada una de mis claudicaciones
a todas tus escritas, lloradas exigencias. 

Temo leerte.

Tal vez debiera
preguntar sólo al polvo que tu libro me ofrece,
tal vez debieras, León Felipe,
decirme que no escriba esta noche de ti,
decirme deja
que entre nosotros busque libre el aire.

11 comentarios:

Unknown dijo...

Cosamasenorme

Miguel Ángel Yusta. dijo...

No es solamente un magnífico poema. Es un trallazo a la memoria que nos une, un grito a lo imposible que nos aleja, un abrazo al universo donde están las personas buenas...Lo conocía, lo sabes. Vive, luce, asombra. Poeta testigo, poema testimonio, versos de amor...

Joaquin Brotons Peñasco dijo...

Hermosos versos de un buen poeta para recordar a un gran vate español, que no ha tenido el reconocimiento que su vida y su obra merecen, especialmente en su España, que, como es sabido, suele dar a sus mejore hijos: "Vida de tercera y entierro de primera".

Jeronimo calero calero dijo...

En esta tu nueva etapa, me identifico más con tu forma de hacer poesía, Paco (ojo esta es sólo una modesta apreciación que no va en contra de nada de lo que has escrito hasta hoy). León Felipe te ha movido a esa honda y hermosa reflexión y te ha salido una poesía descorazonada desde ese corazón grande que impulsa tus sentimientos. Y sirve de mucho hacer un poema limpio, honesto e imperecedero.Sirve para los demás como para ti ha servido el libro rescatado del gran poeta zamorano que, por cierto, junto a Antonio Machado,es uno de los poetas que me inspiran.

fcaro dijo...

Cosaenorme? Algo largo, sí.

fcaro dijo...

No sabía que lo conocías, Miguel Ángel. Pera para todos fue muy importante en nuestra formación lírica. Gracias.

fcaro dijo...

Joaquín, tal vez LF sea de los pocos que se hayan sacado del olvido, aunque comience a quedar algo lejano. Un abrazo, amigo.

fcaro dijo...

Me alegro Jerónimo, que mis poemas actuales te permitan estar más cerca de mis intenciones. Por otra parte el poema es sólo la emoción del instante en que lo comencé a escribir. Un gran abrazo.

mayusta perez dijo...

Ya te recordaré como y cuándo me lo leíste. Un abrazo.

Juan Rojo Almagro dijo...

Muy buen poema. Está la huella de León Felipe (¡la niña asomada a la ventana!), está la huella que los libros de León Felipe en Losada dejaron en una generación y está la duda ("Temo leerte") o aprensión que a muchos nos causa volver a León Felipe, porque quizás, leído ahora, no nos gustara tanto como nos gustó. En definitiva, que don Francisco Caro se supera continuamente.

fcaro dijo...

Por la discutible vigencia estetica, como bien apuntas, y por sus exigencias morales como imperativos que mi juventud entendía. Por todo tengo miedo de traspasar el polvo.