martes, 16 de enero de 2018

La encina

       

  




 
A Mari Carmen Bernáldez,
                               en el corazón

 ¿Debo vivir?, siempre los caminantes
han buscado mi sombra.
Esta encina que antes
fuera haz y tumulto, plegaria y levadura,
es ahora recuerdos y agonía, nunca seré
un escenario hostil a su reposo,
hago mío el consuelo de pararme,
de escucharla,
tiene secas tres ramas, oigo
crujir sus vértebras azules,
esta encina
a quien la primavera que pasó
le negó sus afanes amarillos, habla
con voz recia, profunda, puede que deba
estar ya sola, me reclaman
los cielos y yo debo desnudarme
de rencores y amigos, terminó su sazón, la algarabía  
de pájaros y nubes, de las voces y miedos
que en los días antiguos la nombraban,
apenas si en descuido
acuden al cansancio de mi fronda, llegan
hasta nosotros, limpios,
los ruidos de unos campos donde ya sólo es
el vigilado huésped, y nadie me responde,
¿tampoco tú que ahora llegas? en su tronco resisten
señales todavía de rebaños
que del calor guardaba, yo que he estado
desde siempre
levantada y aquí
viendo pasar los siglos y esperándoos,
quisiera hablarle con el mismo
sosiego con que ella
le hablaba a sus alrededores, sé que
la luz me señaló, no contempla las albas
y lenta muere, muere
con su gesto de madre, con el mismo valor
con que viviese, esta
sombra mínima sigue
siendo mi sombra, aquí podéis quedaros,
sí, le digo, aquí puedo
hablarte: mira, pasan
junto a mí mariposas con líquidos dedales
de agua para tu sed, mariposas que hicieron
costumbre de habitarme, ahora y por tus venas
todo busca su azar, y las abejas
se afanan silenciosas
en tejerte murmullos,  
las tardes guardan pálido el secreto,
el crepúsculo ha escrito
algo en mis ramas, aquí puedes
leyéndolo, leerme, y yo leo,
y yo pronuncio en voz calmada,
–como si orando–
las palabras escritas
por la luz y la mano del ocaso
en tu lenta corteza:
Agota la hermosura
con que viviste,
fuiste amparo y amada, fuiste
frutos y huella,
todo debe acabar, más no habrá olvido.


16 de enero

2 comentarios:

Diego Clemén dijo...

Magnífico poema. Un saludo.

fcaro dijo...

Gracias, Diego