sábado, 20 de diciembre de 2014

Un poema: El cazador

    Con esta última entrada del año, Mientras la luz aprovecha para desear a todos y cada uno de sus lectores, que son sus amigos, un buen año 2015.  Qué menos.  Jefe, redacción y becaria, todos con todos. Y quiere dejar este poema como señal cómplice con aquellos que se dedican al noble oficio.



elca zador elcazad
orelcazado relcaza
dor elcazadorelcaz
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El  cazador

                                      Para Lucía Comba, 
                                       que sabe de un cazador


Hay un blanco animal,
larga la crin, que cruza
alguna vez delante
de su refugio,
sin temor a amenazas
ni a lo oscuro del bosque

y está él, 
el cazador, tan aprestado y solo 
como salvaje y libre
parece el animal al que pretende
cercar sin daño, someter

piensa
que para hacerlo suyo,
para apresarlo debe
servirse de la trampa del poema

(el poema es la red
si el poema es exacta geometría)

y la construye
sagaz, con cien astucias,
porque está decidido 
a capturarlo,
a poseerlo y
custodiarlo entre rejas

entre versos  
al animal rebelde,
al vagabundo andar del unicornio
al que los dioses llaman Poesía.

Apurando: Yolanda, Manuel y J.J.

Los abrigos, esperando, de Yolanda y Elena
Fotomóvil
Yolanda Castaño

   Yolanda dio las gracias por no haberlas dejado solas. Lo hizo al final, tras la lectura del último poema. Antes había dialogado con Elena Medel durante 40 minutos ante siete primeros asistentes en la Librería Alberti (lunes, 15). Después llegaron cuatro más. Elena preguntó por las circunstancias de La segunda lengua, lo último de la gallega en Visor. Dijo esta que se recluyó durante un mes para organizar, redactar, las notas de los últimos 4 años. Y que es el libro en donde el yo poético y agente está más oculto. Y en donde el cuerpo suyo deja de ser protagonista. Se quejó de las críticas recibidas diciendo que repiten clichés anteriores y que ahora ha querido reflejar el conflicto y la enajenación que supone para el hablante las lenguas otras, las dominantes, las aprendidas. Para ella, Yolanda, la poesía es el eje central de su vida desde los 17 años, aunque sabe que ya ha pasado el furor y ve su obra más calmada. Los lectores también. Cosas de la vida, de los 37 añazos, dijo. Que el lenguaje poético llega a donde otros no pueden. Y que es el más egoísta, añadió. La cordobesa sabe entrevistar, sacar menas ocultas, hace decir a la entrevistada aunque no haya demasiado, ni sorpresa, ni discurso nuevo. Para cerrar, Yolanda leyó casi diez poemas, dos de ellos en gallego, la lengua minorizada, y en su defensa. Y en defensa de la lengua como miembro esencial para la fonación, claro. Los once asistentes finales aplaudieron. 


Mª José y Juan Manuel leyendo
Fotomóvil
Manuel Juliá

  Parecía una buena conjunción. Y lo fue. Se alinearon, de vez en cuando sucede, una buena tertulia (la Eduardo Alonso) un buen presentador (Rafael Morales Barba), un buen poeta (Manuel Juliá), dos buenos lectores (Mª José Goyanes y Juan Manuel Sada) y un público expectante. El profesor Morales Barba usó -en su estilo- citas de contemporáneos y etimologías griegas para presentar la poesía del manchego. Porque Manuel Juliá es manchego, de Puertollano, y poeta. Tienen sus versos un aire anglosajón por su manera de añadir trascendecia a la cotidianeidad. Y se halla desde hace un tiempo aplicado en una trilogía sobre las tres heridas hernandianas, que publica Hiperión. Es también un excelente articulista. En su turno explicó su relación histórica, plagada de encuentros y despedidas, con el hecho poético y leyó cuatro textos. El plato fuerte, porque así lo quiso el poeta, fue la lectura por los actores invitados. María José y Juan Manuel interpretaron en espléndido contraste. Voz dramática ella, voz calma y serena él para la réplica. Los poemas de Manuel Juliá, en especial los que forman parte de su última entrega El sueño del amor, supieron de su buen hacer. La palabra así dicha extendió la emoción entre las gentes: público sorprendido y entregado. Cerró Manuel Cortijo tan acertadamente que no quebró el misterio. La charla y los vinos finales fueron más necesarios, más urgentes que nunca. A veces ocurre con los planetas los martes 16 de diciembre.


y J. J. Padrón
Justo Jorge en la lectura
Foto: Valentín Suárez Mojón
    
    De él dice la red que vive rodeado de lauros y traducciones, que tiene más hagiografía que biografía, que es el poeta español que más cerca ha estado del Nobel sin haberlo conseguido, pero aquí estuvo, viernes y 19, en la humildad cotidiana de Libertad 8. Media hora tardó Alfredo Piquer en bien presentarlo. Y resumiendo. Como signo me queda la noticia de su reciente traducción al idioma mongol de Los círculos del infierno, su libro insignia. Justo Jorge Padrón, tal es el nombre, estuvo como único interviniente en la tertulia Odisea Poética. Canario de nación, nórdico de vocación, universal de reconocimientos, tiene más de 30 libros editados y unos 65.000 versos escritos. Su última entrega -actual, asequible- es una antología que editó ha poco Vitruvio. Leyó durante más de una hora ante una sala repleta y con bastante público joven, estudiantil diríamos, que premió con aplausos muchos de sus poemas. Y es que a la bondad de los mismos se une al enfásis con que los dicta y una estudiada provocación final. Dijo ser su tercera lectura pública en Madrid en los últimos 10 años. Piensa, se justificó, que la poesía debe ser leída en soledad. Apareció pleno de forma y con cierto sentido del humor en algunas introducciones de sus poemas. Hubo una primera parte más ligera, construida con sonetos variados y algunos de sus grandes hits: Y si Dios se cansara de nosotros, por ejemplo. En la segunda, tras la música griega de Dimitris Harisis, cuya alianza con el suzuki estremece, quiso mostrar contenido de su inédito Soliloquio del rehén, organizado como un diálogo consigo mismo -con quién mejor- en donde reflexionar sobre la edad, sobre el tiempo, sobre el amor y sobre lo indecible de la poesía. Es poeta de gran facilidad versificadora. Y gustoso de los alejandrinos. A los 21.30 terminó lo que comenzara a las 19:30. 120 minutos. Pocos se movieron, aunque se removieran.

martes, 16 de diciembre de 2014

Divertimento. Tres epigramas de M. del Palacio

 

   Es conocido que el esplendor de la prensa satírica española se produjo en los dos últimos tercios del siglo XIX. El Zurriago durante el Trienio y  Fray Gerundio en los primeros tiempos liberales fijaron una manera crítica de acercarse a las modas y costumbres de los españoles y de sus hombres públicos. La mordacidad inteligente era la norma, tanto en los dibujos como en los textos. En estos últimos el epigrama, de antigua raíz, hizo furor entre las gentes. Algunos han llegado hasta nuestros días. Otros han sido olvidados. No del todo. El último número doble, 81-82, de la revista Barcarola incorpora la semblanza de uno de aquellos gigantes del periodismo y el sarcasmo. Se trata de Manuel del Palacio (Lérida 1832-Madrid 1906). No me resisto a trasladarles algunos, tres, de sus picotazos. Helos

   Por el soneto que sigue fue encarcelado y desterrado, lo que no impidió que muchos se lo supieran de memoria. Los aquí citados vivían y alguno/a formó parte importante de la Historia de España, legando un canal y su incontinencia a la prole que siguió. El soneto se tituló Belenes. Lean.

Por ser cuestión que a todos interesa,
voy de belenes a ocuparme un rato:
joden la Castelani y Valcerrato
y jode Luis León con la Duquesa.

Se lo da a Pepe Arana de la Sesa,
la Riquelme a Cadenas el traviato,
y con Alba y cien más falta al recato
la de Hortega (con h) baronesa.

Saavedra a la Lombillo jode ahora,
Sanjuán, de Fernandina, es el segundo,
y D. Ramón con la Fonseca mora.

Mas si queréis ejemplo más profundo,
en Palacio hallaréis una señora
que es capaz de joder con todo el mundo.

   Dicen que un ministro, muy cansado ya de sus puyas lacerantes, decretó su jubilación y logró que lo apartasen de sus funciones. Épocas eran ya de fin de siglo, por ello en el banquete que le ofrecieron los compañeros (parece que esta costumbre viene de lejos), lo remató con esta quintilla

Parece grande y es chico:
fue ministro porque sí,
y en cuatro meses y pico
perdió a Cuba, a Puerto Rico,
a Filipinas… y a mí.

   También fue un visionario preocupado por el mundillo de las letras y sus acarreos, premonitoriamente dejó escrito de un zascandil merodeador de cafés literarios, buscador de fotografías con, y al parecer de raquítica obra, esta quintilla que aplaudió Rubén y por la que no fue castigado.  

Para ser como Soler
gasta caudales, afán,
escribe y se deja ver
el que nunca podrá ser
ni poeta ni galán.


   Con los tiempos que corren, cuantísma falta harían estas plumas severas y afiladas capaces de encerrar en pequeñas cajitas lo que tanto tardan tantos en decir. Y dicen mal. Y se ponen muy serios. Eso, Manuel del Palacio, del XIX. 

sábado, 13 de diciembre de 2014

Un diciembre apretadito


No son dueños de las palabras, como algunos creen, son apenas tahúres afortunados que las barajan con mejor o peor destreza. Lo importante no son las palabras, lo que importa es decir, decía muy bajito una dama escuchante a su compañero. Lo que importa, continuaba, es que las palabras muden, se conviertan en sospecha, tiemblen de nieve cuando formen parte del poema. Alguien le indicó silencio. Calló. No hubo más. Jefe, siento no poder recordar en que acto ocurrió porque diciembre marcha confuso y apretadito.   

María Luisa Mora
Foto MCBarri
   Con apenas días útiles para el tráfico poético, las gentes se afanan para hallar huecos, cuadrar agendas, poder circular. Ocurrió en el Aula Juan Alcaide que dirige en la Casa de Castilla-La Mancha Alfredo Villaverde. El viernes 5, la voz candente y tierna de María Luisa Mora vino desde Yepes a Madrid para presentar Simulacro cero, su último libro, premio Nicolás del Hierro 2014. Dijo que ahora, tras tantos años, puede escribir al fin lo que escribe, los fantasmas y demonios, las brisas y las esperanzas de lo que ha sido su vida. Tras una precisa y sentida presentación de Manuel Cortijo, miembro que fue del jurado, que tuvo la virtud de encender la atención, María Luisa leyó para una repleta sala. Expectante. Es el caso que la poesía de la toledana bebe de pálpitos reales, de escenarios que duelen, pero establecienfo una medida distancia con lo confesional. Hay en ella una sabia lejanía, un estudiado pasado-presente, que permute el vuelo poético, que no ahoga. Es un libro que crece desde el mismo venero que vio surgir El don de la batalla. Llegaron poetas de diversos puntos de La Mancha para escuchar a una de sus voces más sinceras. Amador Palacios y José Ángel García entre otros. Pero sobre todo, al acto acudió el poeta que da nombre al certamen, Nicolás del Hierro, una presencia largo tiempo añorada, quiso vivir con la premiada un momento esparado.

José María Prieto y Carolina Barreira.
Fotomóvil



 El martes 9 José María Prieto ocupó la tribuna de la Tertulia Montesinos. Presentado por la frescura literaria de Ana Ares, José María repaso una obra surgida al hilo de su devoción por las formas orientales –Japón y Corea, haikus y tankas– a la que decora con intenciones suavemente irónicas, críticas con la modernidad, con el uso del pensamiento débil. Poesía del momento y/o la sugerencia. Amable siempre. Provocadora de tímidas sonrisas. El asunto terminó con una puesta en escena magnífica entre el autor y Carolina Barreira. Un extenso poema dialogado sobre el tiempo y sus circunstancias que ambos leyeron mientras sus cuerpos dibujaban en el espacio las maneras del reloj. Aplaudidísimo.


Antonio J. Sánchez
Foto: Ángeles Fernangómez
   
Aplaudidísimo, en cada poema, Antonio J. Sánchez. Sevillano-madrileño que trajo a Libertad 8, jueves 11, un libro sevillano al que titula Tebeos. No hay trampa, el poemario se desenvuelve en la provocación de los personajes de la historieta, del cómic, de la novela gráfica, que dicen ahora. De los tebeos, para entendernos. Pidió para el Ibáñez de Mortadelo y Filemón el Premio de las Letras. Y todos lo entendimos. Antonio se aproxima a los personajes con un lenguaje cuidado y culto. Es poeta de una técnica apreciable, que atiende, y es muy de agradecer, al cierre del poema. Desde el Capitán América a Carpanta, pasando por 3 Rue del Percebe hasta llegar a las gafas de Clark Kent, Antonío hace un repaso -no exhaustivo, advirtió– no sólo de los personajes sino del mundo que rodea a los lectores del cómic y a su fans. Él es confeso y logró contagiar. Leyó con una seriedad subrayadora que provocaba. Se lo perdieron tantos como no asistieron. Igual que se perdieron la chispeante presentación de un Enrique Gracia en modo maestro de la complicidad.   



Jesús, Fernando y María
   Y más. El Comercial registró un buena entrada para el bautizo en papel de María Solís Munuera. Libro en negro-vitruvio que ha titulado Mortífero, ingenuo, transparente. Y que reúne lo mejor de su producción hasta el momento. Un público amical y familiar llevó el acto en volandas, sobre todo al final, cuando la emoción estalló y aparecieron los gritos de otro, otro, otro. Hasta tres bises hubo de hacer María. Presentadores de lujo: Jesús Ferrero, el afamado novelista, leyó comentando el prólogo que acompaña al libro. Los prólogos, dijo, deben iluminar el libro sin destrozarlo. Y eso hizo, aunque dotando de un énfasis especial algunas partes de su discurso. Fernando López-Guisado, feliz y mentor de la autora, describió el momento y circunstancias del encuentro poético entre ambos. Dijo de ella que es potente, distinta, imaginativa y audaz. Amiga del conflicto masculino-femenino y paseante de los mitos cinematográficos. Y que escribe poemas y versos largos, asunto complicado para principiantes, dijo. Leyó María una decena de poemas que hicieron honor a los entrantes. Pareció una poesía con tentación escénica, narradora desde pinceladas controladamente surrealista y con voluntad de instalarse en los alrededores de algún centro de interés propuesto: la saliva, el supermercado, el maquillaje. un viaje a Grecia… La poeta explora los campos semánticos del asunto a tratar y procura que estén bien representados a lo largo del poema. Los toques oníricos y los giros de muñeca sorprendentes le confieren un toque generacional, reconocible. Y lo dicho. Los bises. Estupendo. Bautizada.                                     

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Recuento




   Lo importante es convertir la literatura en realidad y no al revés –dijo el jefe- yo busco a los poetas que lo han pretendido. Busquémoslos. En esta redacción hay un cierto acomodo y nos estamos quedando en la cáscara. Un poeta es aquel que se pasea por el mundo sin piel, en carne viva y por eso le afecta tanto el frío de las cosas. Un poeta es un destino. Su misión no consiste en escribir sino en ser lo escrito. Habían amanecido las regiones con niebla y la mesa de redacción era reacia, como siempre, a contestar. Los veteranos ya conocían estos arranques de ira pensante en nuestro mandamás. Continuó: Los días inútiles son como una costra de mugre sobre el alma, tal vez escribir salve. Hay un murmullo de ansiedad poética en las gentes. Hay multitudes lanzadas al acto de escribir. No a leer. Leer acrecienta los temores. La palabra escrita como sanación es el signo de los tiempos. Tiempo pedido por la becaria. Habló: La ternura existe, tanto como la soledad. ¿Escribir? El amor nace de las cosas pequeñas. ¿Dónde hallar a un poeta? ¿Es cierto que viven ocultos? Fue entonces cuando intervino Jaime, el recién llegado: Un poeta es un adentro. Yo soy el conocedor de los misterios, el doloroso sonriente, el que guarda las llaves de los luz eros, por eso sé que el poeta es una piedra que rueda, que su noche está inclinada, que de su mano caen los platos para hacerse pedacitos. Yo sé que el poeta hace preguntas a los soldaditos de plomo. Y sabe que el color del desnudo es el violeta  Cerró el jefe: Los poetas viven en el entresuelo, Sabines, esperando el derrumbe. Y Jaime sonrió callándose. Pensaba mientras que el corazón del hombre no tiene casa sobre el mundo, es solo. Y escribía: ¿Qué otra cosa sino este cuerpo soy, alquilado a la muerte para unos cuantos años?                                                   

jueves, 4 de diciembre de 2014

Un poema de María Sanz


La sevillana María Sanz ha visto editado hace poco por Renacimiento, que tanto olvida a los autores sevillanos, el libro que obtuvo el premio Vicente Nuñez en 2013. Ha valido esperar para conocer uno de los libros más densos, más cuidados (todos los suyos lo son) de un autora que siempre atrae y sorprende. Una autora que como tantos otros confía en los certámenes poéticos para ver su obra editada. Su poesía ha obtenido múltiples reconocimientos. Digamos Tiflos, digamos Ricardo Molina, digamos Alfons-El Magnànim… por decir algunos de los que tantos poetas desearían. Poeta conocidísima, digo aquí y ahora que su obra no ha tenido el reconocimiento crítico que merece. Lo digo después de haberla leído con atención. Y tras haber leído tantas otras que los suplementos culturales alaban y son abismo.


Lo ha titulado La paz del abandono. Y es un libro de una sinceridad que duele. Un libro traspasado por la tristeza de lo auténtico. Es un libro de tinta sin desgarro, pero tinta que arrastra ternura y desconsuelo. Son páginas en donde el tiempo consigue hacerse carne. Papel en donde la melancolía halla posada, en donde los geranios brotan de lo perdido. Y no hay descanso ni rincón que no conozca la belleza de un verso sereno, tranquilo en su forma, que inquiere a la vez que resiste. Aceptación y espera veladas por cristales que el humo del tabaco y de los días oscurecen. El sabor amarillo de la renuncia. María Sanz ha escrito un libro definitivo. Un libro que merece que los lectores rompan la rutina de lo publicitado, y se acerquen. Bellísimo. Que consuela, que me reconcilia.
La paz del abandono es verdad, es poesía.

***
Al sitio en que será lo que ya era

Cuando habías hallado la morada
para pasar el resto del olvido,
decidiste dejar la puerta abierta
por si la muerte herida o tus razones
buscaban un lugar donde quedarse.

Hasta entonces lo vivo fue reflejo
de un hospedaje gris a todas luces,
con títeres en forma de personas
cuya llegada no te concernía.

Tal vez ahora puedas esperarte
a ti misma en la celda más oscura,
sabiendo que vendrás como te fuiste,
sola, desnuda, huérfana del cielo.

Cuando habías hallado la manera
de cambiar el presente sustantivo,
entornaste la puerta, porque todo
iba a doler igual, porque tu tiempo
nunca tuvo constancia para nadie.