martes, 12 de noviembre de 2013

Inspiración y descuido

    Hay veces que la inspiración no se recuerda a sí misma. Hay veces que vuelve sin conciencia de haber sido. Veces en que visita rincones de poetas otros y acaricia oídos distintos con palabras que buscan semejarse. Estas cosas ocurren y no hay que sorprenderse. Pero hay que advertirle a la inspiración que sople con esfuerzos de novedad, que no debe confundir a los mortales que escriben, que no debe ponerles en el compromiso que nadie desea.
Ni debe abandonarlos ni dejarles caer en tentación.

    Viene al caso que en un reciente libro de Vitruvio, Bosque de eucaliptos, el poema que cierra, “Ruego”, tiene cierta similitud con un poema que hace años obtuvo el premio Manuel Alcántara que se concede en la capital malagueña. Más exactamente con el poema “Mañana, la intemperie”. Seguramente la inspiración no ha sido diligente ni selectiva: se ha descuidado. O tal vez ha querido realizar un disimulado homenaje en forma de paráfrasis, dicho sea así; porque de lo que estoy seguro es que nunca hubo en este acto de la inspiración voluntad de fusilamiento. O más sencillo, hay veces que en los poetas permanecen, hondas y no filtradas, reminiscencias lectoras. Y no son conscientes. Que debe ser el caso.

En cualquier manera, la inspiración no puede dejarnos tan solos.


Poemas que se citan 

Mañana, la intemperie
(XV Premio Manuel Alcántara. 2007)

   Por si no amaneciera
mañana, que la casa
no parezca vacía;
que todo continúe como al borde
de suceder, no olvides
dejar llenas las copas, como si el vino fuese
una última forma de esperanza.
Y ahí, sobre el mantel, recién partido,
deja también el pan
para que haya un olor a espigas altas
o para que parezca
que hay cosas que se pueden compartir todavía.

Deja algún libro abierto en cualquier sitio,
como si fueras a volver muy pronto;
que parezca que todo se ha quedado esperándote.
Que no note la muerte cuando llegue
que en esta casa ya
no vive nadie. Deja
abierta una ventana para que entre
todo ese ruido extraño
                                    y ajeno de la calle.
Que en tu muerte no haya
esa misma intemperie que hubo siempre en tu vida.

Guarda en algún espejo
tu mirada y un poco de esa lumbre
que ya no habrá en tus ojos
mañana; y guarda dentro de un cuaderno
el ascua viva de tu tacto. Deja
encendida una lámpara,
por si acaso la noche
durara demasiado.
Déjalo todo como si esta noche
no fuera a ser la última. No olvides
dejar un libro abierto en cualquier página.

Y deja tu ventana bien abierta
para que así mañana la luz te reconozca,
aunque ya sólo seas
un cuerpo roto, un cuerpo sin memoria y con frío;
para que así mañana (si amanece)
siga entrando por ella – aunque tú no lo oigas-
todo ese ruido extraño
                                     y ajeno de la vida.

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Ruego
(Poema final de Bosque de eucaliptos)

Por si acaso esta noche
se le ocurre a la muerte arrasarme los párpados
y el sol ya no volviera a suceder,
procura que mi casa no se quede en silencio.
Deja abiertas las puertas de las habitaciones,
descorre las cortinas, que pueda entrar la luz,
mantén mi libro abierto sobre el sofá de siempre
y abiertas las ventanas,
que permitan el paso al rumor de la vida.
Retén en el espejo mi mirada de antiguo
mientras prendes la lámpara del cuarto
(por si acaso la noche se queda mucho tiempo).
Has de dejarlo todo como siempre lo tuve.
Que no note el invierno cuando vuelva
que en esta casa ya no vive nadie.

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14 comentarios:

Leo dijo...

Dos poemas magníficos por separdo. Juntos podrían levantar sospechas. Bueno o malo, Paco, lo que sí se ve es que estos dos poemas han vivido en la misma casa algún tiempo... ¿Cosas de la inspiración?, puede ser, ¿por qué no? Una abrazo

fcaro dijo...

Estoy cerca de ti, Leo. Pero desconocemos las génesis. A veces ocurren cosas. He estado uno días en Sevilla ciudad con Eduardo. Hemos visto a Enrique. Magnífico. Un abrazo.

El Mirón dijo...

Ya dice Gil de Biedma en su Juego de hacer versos, con mucha ironía:
Y son nuestros poemas
del todo imaginarios
-demasiado inexpertos
ni siquiera plagiamos-

Aquí se sobreentiende que cuando ya "sabemos", entonces sí plagiamos. Yo creo que hay poemas que dejan impronta y a veces sin querer se vuelve sobre ellos. Hay poemas que son hijos de otros. Pero este caso, no sé; es demasiada coincidencia. En cualquier caso dos magníficos poemas, Paco.

fcaro dijo...

Por eso los traigo, Ana, porque merecen la pena.
Aunque no son los dos buenos en igual medida, creo yo.

Anónimo dijo...

La misma melancolía hecha por dos líricos. ¿Es que los sentimientos de la pérdida tienen que tener diferentes palabras o expresiones? En este caso hay similitud, pero no copia ni siquiera inspiración en el otro poema. Pero es la similitud de los líricos, nada más.Ay, estos líricos, ¿qué culpa tenemos por parecernos tanto? Los dos poemas son excelentes. No debe haber dudas. Besos, Paco. Soy Cristina Cocca.

Laura Gómez Recas dijo...

No sé quiénes son los autores, desde la sala de espera de un médico me es difícil investigarlo. Pero da igual. Es curiosa la aproximación de la casualidad a la inspiración en este caso. Extraordinaria, me atrevo a decir, como lo es la diferencia de calidad entre los dos poemas. El primero me parece exquisito.

Un beso,
Laura

fcaro dijo...

Buena lectura, Cristina. Los poetas líricos estáis muy cerca unos de otros en la sensibilidad. A veces la inspiración no os dintingue. Estoy muy de acuerdo contigo. Gracias.

fcaro dijo...

Laura, ¿qué haces en la sala de la sala de espera mirando Mientras la luz? Vives en la, por la poesía. Investiga.

Miguel Ángel Yusta. dijo...

Me parecen dos poemas con temática muy próxima, que no igual. Me gusta mucho el segundo...

Ana Garrido Padilla dijo...

Las coincidencias son claras y sospechosamente evidentes, haberlas haylas, pero el primero es infinitamente mejor.

Gracias por traerlos, Paco.

Un abrazo.

Juanjo Alcolea dijo...

Vamos a ver, no sé de quién es el segundo poema, o puedo no saberlo, pero el dueño del primero, cuenta con mi absoluta admiración y respeto. O no hemos leído con atención, o somos un poco pusilánimes o yo estoy ciego y veo sandías donde hay cerezas. Se ha tomado una baraja, se han mezclado sus cartas y se han limado levemente las figuras, como si cerniéramos un poco los versos y guardáramos las granzas.

¿Me explico? ¡Por favor! A todos nos puede pasar, ¡vale!, pero la verdad es o no es, no valen medias tintas.

Juanjo.

fcaro dijo...

Miguel Ángel, estoy al 50% contigo. Un abrazo

fcaro dijo...

Los traigo por las coincidencias, que son extrañas, pero que a veces ocurren. Como es el caso. Gracias Ana.

fcaro dijo...

Joder, juanjo. Eres casi tan diplomático como Wert. Ser o no ser son abismos. En poesía las cosas ni son ni no son solamente parecen. ¿Te parece poco?