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Aún recuerdo que
pasaban noches
sin conocer más cuerpo
que el del papel esclavo, que recluido
en poemas de ausencia
o de renuncia, no encontraba
alivio mi deseo
que en las palabras
escritas era
tan sólo la mitad de lo que fui,
que el resto huyó
tentado por tu carne,
carne que ha rebanado,
rebañado,
la mitad de mi tiempo
y es que entonces yo amaba
la pereza, las parvas llamas,
el mínimo calor de los incendios
tal vez y porque cada noche
quemaba las noticias que de ti recibía
aún tengo testigos,
debieras preguntar a la entornada boca,
a la bóveda pobre de los ojos,
a la penosa cárcel
que,
sin tú saber, se aposentó en mi cuerpo.
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5 comentarios:
"Aún tengo testigos para el hambre,
para la sequedad y el tacto justo
de todas las memorias,
para esta lentitud de los espejos
y el tiempo calcinado.
Para todas las voces de tu casa".
Se me fue la tecla, lo siento.
Un abrazo,
Ana Garrido.
No hay nada mejor que provocar,Ana. Si no se lee no se escribe, es ley de Newton.
Imagino que iría todo bien por Ávila. Un abrazo.
Lo que estuvo bien fue la presentación del Premio Nicolás del Hierro. Vuestra presencia, vuestra organización, la ternura del poeta ganador y ¡LA CENA!
¡Qué gusto da compartir, caro Paco...!
Carmina
¿Ves? Yo me lo perdí, Carmina, por eso estoy esperando a ver si llega Paco y nos lo cuenta.
Besos para ti y un abrazo para el carísimo.
Ana Garrido, la anónima.
Mis queridas e impacientes amigas, ya está subida la entrega del premio.¿Qué hacemos con unos comentarios descolocados?
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